Cabaret Carmona o cómo afrontar un Erasmus en Barcelona

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El Molino, el pasado domingo 15 de Febrero, minutos antes de la actuación

Isaac Garcia & Guille Gras – 16/02/2015

¿Queréis joderle el día a una persona? Es muy simple. Entrad en cualquier sitio, en un McDonalds, y preguntad al camarero por un McDonalds. “Estás en uno”, responderá. “Sí, pero quiero uno donde no estés tú”, decidle.

Álvaro Carmona

Media hora para que empiece el espectáculo y Clara espera sentada a que Álvaro Carmona aparezca en escena. El resto de sillas de la sala de El Molino ya están llenas, mientras lo que parece aproximarse más al concepto de Madame saca un par de sillas para los rezagados de última hora. El Molino sigue manteniendo sus tradiciones.

El Molino, un afamado local de Barcelona reconocido por haber sido a lo largo de su historia un lugar de transgresión y de ruptura con la censura. Las entradas no están numeradas, y por ello resulta llamativo que justo al entrar haya una mesa reservada. La ocupa la vedette, atendiendo a los espectadores que quieren tomar una cerveza y supervisando la actuación entre risas inquietantes. A veces riendo a destiempo, como si solo ella hubiese entendido el doble significado de la broma.

Álvaro Carmona no podría actuar en otro sitio. En cierto modo, él representa un nuevo tipo de humorista, uno que se ha quitado los grilletes en cuanto a los métodos estandarizados de la stand-up comedy, y que hace de su show una exposición de todo el repertorio del que dispone con el objetivo de provocar la risa en el espectador. Lo consigue.

Canciones, reflexiones y pensamientos al compás de su piano o de su guitarra, sus peculiares puntos de vista proyectados a modo de ilustración o diapositiva, o incluso a veces todo junto presentado en perfecta simbiosis.

Una muestra de que su forma de hacer humor —original y peculiar— sigue funcionando. Y es que desde que salió por primera vez en Buenafuente, demostró ser un cómico diferente, que no solo brilla por la creatividad y distinción de su show respecto a otros humoristas, sino también por convertir a menudo lo absurdo e intranscendente en divertido. Un humor basado en los pequeños detalles, desde Coronel Tapioca pasando por Starbucks hasta llegar a aquellos inventos que solo una mente perturbada puede concebir. Finalmente saca la perla final, un libreto de adaptación del estudiante de Erasmus en Barcelona. 

Carmona se despide rápido, con la excusa de “algo muy tocho se tiene que preparar para la actuación siguiente”. Las miradas a su reloj se habían incrementado exponencialmente en la última fase del show. Ha pasado volando y no parece posible pero ya ha transcurrido hora y media. La siguiente actuación se viene encima. Ver a Clara en primera fila seguro que tampoco no ha debido ser fácil.

Para los más despistados aún quedan dos actuaciones, daos prisa.

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